Amado Señor, al final de otra jornada, llega la noche y con ella el silencio, te lo ofrezco en agradecimiento y pido que se transforme en

una constante plegaria por todo lo recibido.

Ayúdame a saber depositar en tus manos, mis heridas para que las sanes renovando mi corazón, mis desvíos y faltas que me alejan de ti, a saber ver esa semilla de amor que haz sembrado en él.

Gracias Señor, por hacer de mi, tierra fértil para poder llevar el mensaje de tu amor a todo aquel que se encuentre triste o enfermo, necesitado de paz, sediento de justicia o atribulado por los problemas del mundo.

Mi amado Señor, abrázanos, reúnenos y concédenos sanidad física y espiritual, con tu santa bendición a todos, porque solo Tú sabes cuánto te necesitamos...Amén.