En un domingo particular, de regreso desde Arequito hacia Rosario tras despedir a Amalia — que compartía los mates, las charlas y los
domingos de radio escuchando a Belgrano — el Padre Jorge hizo una parada en la cancha de Unión Deportiva de Pablo Luna, un lugar que con el tiempo se volvió significativo para él: allí vivió un infarto en 2021 y, el 7 de diciembre pasado, presenció la 13ª estrella y el pentacampeonato.
"Un lugar de dolor y de fiesta. Casi un lugar Pascual", reflexionó.
Desde allí, con el sol de frente, compartió su reflexión sobre el Evangelio del domingo: el hombre ciego que recupera la vista. Un signo que Juan construye con barro y saliva — como en el Génesis — para hablar de una nueva creación, de volver a la fragilidad y la pequeñez para encontrar la luz.
"Paradójicamente, los que no la ven son los que parecía que la tenían clara", señaló, invitando a no cerrarse en doctrinas ni tradiciones que impidan reconocer a Dios en los demás.
Y terminó con una oración sencilla y profunda: "En este día, Señor, te voy a pedir que me quites las vendas que me impiden verte, descubrirte y reconocerte en los hermanos." 🙏



































