A la orilla
1) Salió: En Jesús vemos esa actitud de salir y de no estar quieto en uno mismo o en un mismo lugar. Es necesario que vos también salgas
de vos y dejes de estar a la espera de que alguien te traiga soluciones para tu vida. Incluso caemos en esa actitud aniñada de estar casi todo el tiempo como niñitos, y que los otros son los culpables de lo que me pasa: el síndrome de ñoño de El Chavo del Ocho: “¡Míralo eh, míralo eh!”. En donde parece que todo tiene que girar en vos y los demás ser satélites tuyos, eso no corresponde e incluso no es sano.
2) Sígueme: Hay gente que te tocará en la vida para compartir, y es uno quien elige con quién compartir en la vida. Por eso no dejes de crecer en amistad buena con las personas que te ayudan a crecer. A la familia no se la elige, pero a los amigos sí. Por lo tanto, no dejes de crecer en la relación con tus amigos. Sos vos quien elegís a quiénes quieres que caminen contigo.
3) Leví: Me conmueve saber que Dios no llama a los capacitados, sino que capacita a los llamados. Es descubrir que más allá de nuestros errores y debilidades nos sigue eligiendo y llamando como somos, porque todos tenemos algo que nos golpea y algo nos duele. Así también todos tenemos una mancha escondida, pero, sin embargo, Dios conoce de nuestras manchas y nos invita, incluso así, a su equipo. A través de este evangelio aprendí a no tener miedo de mostrar mis errores y manchas, porque sé que me eligió a pesar de ello. Sé que podés escandalizarte cuando te enteres de todos mis errores cometidos, pero me quedo tranquilo porque Dios lo sabe y así, lo mismo, me ha elegido. Por eso, no tengas miedo de mostrar tus errores y debilidades, porque es parte también de un proceso de sanar el aceptarte como sos y el aceptar tus errores cometidos.
Algo bueno está por venir.
Misioneros Digitales Católicos




































