1) Cuidado: En este tiempo que iniciamos trata de cuidar el “me” y tu paz interior. A qué me refiero con cuidar el “me”: no todo lo que sucede a tu alrededor lo tienes que tomar como algo personal. “No me miraron; no me saludaron; me gritaron, etc”. Cambia aquí el foco. Saca el “me” y asume que es: “No miraron, no saludaron, no gritaron, no contestaron por WhatsApp”. Esa información ya no pasa a ser un ataque personal. Son hechos sin emociones y son patrones de la otra persona. No tiene nada que ver con vos, porque lo hacen con todos. Cuando vos veas ciertas actitudes similares a las que te planteo al inicio, aclara tu mente y tu corazón para ir poniendo límites y ajústate de quien te rodeas. Recuerda que el comportamiento habla más de ellos, mientras que las respuestas hablan más de vos. Trata de eliminar el “me”, para cuidar en estos cuarenta días tu corazón y poder volver a Dios.

2) Secreto: Este tiempo de Cuaresma que iniciamos es tiempo de plantearte qué estás haciendo con tu vida y por dónde vas. Es tratar de volver a tu interior y dejar lo superficial. Ya es tiempo que dejes de estar pensando qué vestido te pondrás o si te bloquea o no esa relación tóxica de esa persona. Es tiempo de tomar decisiones. Es tiempo de hacer un cambio de chip, porque se pierde más con la indecisión, que por una mala decisión. Porque una mala decisión se puede corregir, pero una indecisión no, porque no decidir ya es un decidir a quedarte cómo estás. Y este tiempo de Cuaresma lo que busca es que avances con tu vida y sepas que todos tenemos límites y que cometimos errores, pero ya es tiempo de decidir para hacer un cambio y un camino de vida. Aprovecha este tiempo de mirarte para mirar…

3) Puerta: Recuerda que la ambición y el deseo son acciones y ejecuciones que se terminan convirtiendo en ansiedad. Por eso, la propuesta que la Iglesia te presenta en este tiempo es ayunar, vaciarte de cosas externas y superfluas, para llenarte de Dios. El segundo punto concreto que se te propone es la oración, para que seas más dialogante con Dios. Si no hay diálogo, no hay relación y, sin diálogo y sin relación, no hay vínculo. Por eso, busca la manera de tomarte un tiempo de hablar con Dios a tu modo. Limosna es que puedas ofrecer a Dios algo: te propongo tres modos, oración y rezar por la iglesia especialmente para que haya más sacerdotes, ya que cada vez somos menos y necesitamos que haya sacerdotes que administren los sacramentos, que den la Eucaristía. Podés hacer limosna también ayudando económicamente a una obra de bien o haciendo un sacrificio por alguien. Sí, también vale ayudar a la Iglesia o a alguna institución que sepas que está necesita ayuda y que hace bien. También podés ofrecer un sacrificio que sea simple, que se pueda cumplir, por ejemplo, comer la mitad de una comida y regalar a alguien la otra mitad. En fin, es tiempo de trabajo interno.