1) Padre: La única persona que hará todo por ti sin esperar nada a cambio es esa persona que te ama tremendamente, esa mamá o ese papá que Dios te puso y sabes que te ama. Esa mamá que estaba lista para recibirte y renunciar a todo por vos o ese papá que pasó noches sin dormir con tal de que tengas todo. Esa persona que soportó tu rebeldía e incluso tus palabras duras. Esa persona que pasó momentos difíciles con vos y nunca se rindió contigo. El tiempo pasa y mucha gente desaparece: los amigos cambian, las relaciones terminan, pero, cuando hay amor, un amor puro, siempre subsiste. Fíjate quién es ese padre misericordioso en tu vida.

2) Hijo menor: Si tú no cambias tu vida nadie lo va a hacer por ti. Nadie va a tocar la puerta de tu vida para cumplir tus sueños, nadie nos regala nada, nadie va a levantarse más temprano que vos para construir lo que vos quieres, nadie va a hacer el trabajo incómodo por vos. Por eso, en el hijo pródigo vemos que la clave se trata del propósito de esas promesas que hiciste cuando nadie te veía y cuando llorabas solo en tu cuarto, cuando mirabas al techo pidiéndole a Dios una oportunidad en tu vida cuando no sabías qué hacer. Mira que Dios te dio lo que necesitas para recapacitar y salir adelante: tiempo, salud, talento, ideas y capacidades. Por eso, recuerda que el tiempo no se detiene por nadie, ni por nada. Volvé a encontrarte.

3) El mayor: Cuántas veces caemos en esa actitud de querer “marcar la cancha a los otros”, el mostrar que somos superiores a otros. Eso nos lleva incluso a estar celosos del que vuelve a Dios. Como te decía la vez pasada, me pongo a pensar en Judas: fue el apóstol que tuvo un arrepentimiento profundo que incluso quiso resarcir, pidió perdón y llevó las monedas de plata. No solo pidió perdón… llevó las monedas de plata. Cuánta gente te dice: “Perdóname, pero me gasté el dinero”. El tema es que, en vez de ir a Jesús, fue a los sacerdotes, a la institución, a la iglesia. Cuántas veces buscamos lo institucional más que lo espiritual. llegando a la situación de que Judas no recibió consuelo sino indiferencia, no recibió paz sino tormento. Cuando actuamos como el hijo mayor podemos generar tormento a los que nos rodean más que paz y calma. Algo bueno está por venir.