1) Todos: Trátate mejor y trata mejor a los demás. Porque cada uno lleva su carga, y todo lo que podamos hacer para reducir nuestra carga y la de otras personas hará que nuestra vida haya sido una vida bien vivida. Por tanto, respeta a todos aunque no todos te respetan, pero eso habla de otros, no de ti.

2) Testimonio: Es de necios responder sin escuchar. Recuerda que los labios del sabio son su propia protección. Por tanto, cuando nos toque resolver conflictos, no significa que tenemos que pensar en decir cosas desagradables o retrucarlas al instante. Así vamos pasando por la vida hiriendo gente y hasta lastimando gente inocente. La clave es aprender a dar la respuesta adecuada en el momento oportuno. “En la lengua hay poder de vida o de muerte” y uno aprende a ser sabio con el tiempo; nos evitaríamos muchos problemas si pensáramos antes de hablar. Por eso tu testimonio es saber en qué momento hablar, en qué momento actuar y en qué momento callar.

3) Medida: Hay veces que sentimos que hicimos lo que pudimos hacer. Yo hay veces que siento que hago lo que puedo hacer en mi comunidad y en mi parroquia, cosas que me salen bien y cosas que me salen mal, pero hago lo que puedo. Hay veces que ya no sabemos qué más hacer y reconocemos con humildad que uno trató de hacer lo que pudo. Pero cuando uno se exige demás, eso ya no es humildad, es humillación. La humildad es reconocer hasta dónde llegan mis límites, humillación es cuando excedo mis límites para contentar al otro. Hay momentos en la vida que uno dice “ya hice todo lo que está a mi alcance” y hasta duele mucho cuando Dios nos hace entender que no nos sale lo que creíamos saber hacer… Es entrar en el “proceso”, en un lugar de silencio. Pero de ese silencio viene el plan de Dios, por tanto el Espíritu de Dios inicia con silencio, así que abandónate en ese momento de silencio para que Dios actúe en vos.