1) Piensen: Una vez el padre de una familia muy rica quería enseñarle a su hijo lo que es tener privaciones. Lo llevó a pasear por el campo, con el propósito de que su hijo viera cuán pobres eran los campesinos. Pasaron un día y una noche en una casita humilde y con muchas privaciones. Cuando volvieron de esa experiencia el padre le preguntó al niño qué le había parecido y qué había aprendido. El hijo le contestó “Aprendí que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen 4; nosotros tenemos una pileta que llega hasta la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin; nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas; el jardín de nosotros llega hasta el paredón, ellos tienen un parque”. El papá se quedó mudo y el muchacho le dijo “Gracias papá por enseñarme lo pobre que somos”.

2) Cumplimiento: Siguiendo con el punto anterior, todo es según con el cristal que se mire. Séneca dijo “No es pobre aquel que menos tiene, sino aquel que desea más. Ni rico es aquel que más posee y sí aquel que ambiciona menos”. Los que viven según la naturaleza nunca serán pobres, los que viven según la opinión de los demás nunca serán ricos. Porque vivirán preocupados de lo que los otros dirán. La naturaleza exige poco, pero las exigencias del qué dirán o de la opinión del mundo nunca tienen límites. La felicidad no se alcanza con una ambición desmesurada, porque vivimos deseando tener cosas que creemos que nos van a ayudar a sentirnos mejor. Las necesidades artificiales están al alcance de la mano. Nos las generan o nos las generamos. Ser pobre no es no tener dinero, hay gente que es pobre siendo millonaria. La pobreza de espíritu es la más difícil, porque es no tener riqueza interior.

3) Grande: Los tres puntos que debemos enfrentar son: la culpa, la ira y el miedo. Por eso es importante mirar tu alma y controlar que no se deje absorber por ellos. Cuando sientas ira no abras la boca, trata de evitar mandar mensajes, escribir, llamar, lo que sea, porque eso es una bomba explosiva. El miedo es algo que nos aprisiona. Descartes decía “Escribí mi vida con preocupaciones que jamás sucedieron”. Empezás a sufrir por un mundo futuro incierto que termina siendo algo duro. Por eso no juzgues la realidad y aprende a explorar la realidad. No dejes que la culpa te lleve a no mirar el todo y vivir de un pasado. Por eso, que Jesús toque tu corazón para ver la realidad desde su Sagrado Corazón.