1) Piensen: Nos esforzamos por arreglar las circunstancias de la vida para descubrir que no podemos vencer muchas cosas que nos pasan. No podemos cambiar un cáncer, un cónyuge infiel. No podemos cambiar un mal carácter de un hijo o de un padre. Siempre digo que hay gente que vive para el fin de semana; incluso gente que vive para que sea sábado y encontrar maneras de escapar, de bailar, de irse a algún lado, a jugar al fútbol o esperar a que lleguen los nietos, o hasta incluso tirarse al alcohol o la droga o la pornografia, porque viven pequeños ratitos de felicidad. Hay veces que obtenemos lo que quisimos, pero tampoco eso nos hace sentir bien. Hay gente que tiene la cuenta del banco llena, pero aún sigue sintiéndose vacío. Ahí es donde uno se pregunta por la razón de seguir viviendo.
2) Hombre: El nivel de crecimiento personal que sos capaz de alcanzar está atado al nivel de verdad que sos capaz de aceptar de vos mismo.
3) Partió: Hay un amigo que dice: “Siempre me falta cinco para el peso”. Y yo le digo: “Es que la clave es aprender a vivir con 95”. El desafío es ese, porque a todos nos falta algo para llegar a ese supuesto punto de felicidad plena. Conozco gente grosa grosa que vienen a mi parroquia a misa e incluso son personas que son capaces de dar conferencias en estadios, pero cuando vienen a hablar conmigo las veo sufrir y angustiarse. Ahí comprendo que nadie lo tiene todo y todos somos humanos. Soportamos la presión. Hay momentos de vacío donde esa soledad existencial te agarra y en esos momentos lo peor que te puede pasar es creer que van a desaparecer. Porque cuando tengas una pareja, hijos y dinero en el banco y te des cuenta que la angustia y el vacío siguen, no sé qué vas a pensar. En algún momento hay que asumir y aprender a vivir incluso con ausencias. Algo bueno está por venir.

































