1) Herodes: No sé si recordás esa historia en la cual un hombre va a pedir empleo en el circo y el dueño del circo le dice: “Mire, no tengo trabajo para darle, pero se me murió el gorila. No sé si quiere disfrazarse de gorila y le pago algo”. El hombre lo hizo y se tomó tan a pecho el trabajo que era la atracción del circo. Pasado un tiempo se subió a un árbol cerca de su jaula y se hamacó tanto que cayó en la jaula de un león africano. Empezó a gritar: “Socorro, que soy un humano disfrazado de gorila”, a lo cual el león le dijo “Cállate. No digas nada, si no los dos nos quedamos sin trabajo”. Hay veces que tenemos tendencia a escondernos y a simular ser algo que no somos. Los psicólogos llaman a esto el fenómeno del impostor. Pero no fuimos hechos para complacer a los demás. No puede ser que vivas para agradar a alguien, porque eso te puede llevar a convertirte incluso en un asesino de identidad, como le pasó a Herodes.

2) Encarcelar: La vida espiritual comienza al otro lado de la entrega. Es entregarle a Dios tu futuro y abandonarte en Él. Es luchar para no controlar a los demás ni buscar cambiar a los demás para que sean como vos quieres que sean, porque eso es encarcelar. Eso te dará una libertad maravillosa, cuando soltás, cuando empiezas a preocuparte del qué dirán de nosotros o te importa mucho la imagen o la crisis que no la podés resolver ya, te termina esclavizando. Cuando nos enteramos de un chisme sobre nosotros o cuando alguien escribe algo malo de nosotros en redes y pasamos una semana sin dormir, ahí descubrimos que volvimos a querer agarrar el control. Por eso tu lucha espiritual es soltar y encomendar.

3) Entristeció: Pide a Dios siempre el don de la serenidad para no actuar desde las pasiones, sino desde el corazón. Te comparto esta oración que me ayuda bastante. La oración de la serenidad: Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. El valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia. Viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez. Aceptando las dificultades del camino, como Jesús lo hizo, confiando en que Tú harás que todo salga bien. Si me entrego a tu voluntad para que Tú tomes el control. Señor, te ruego ser razonablemente feliz en esta vida y sumamente feliz contigo por siempre en la eternidad. Amén.