1) Enterarse: Hay una frase que me dejó pensando: “Tienes la vida que te mereces y mereces la vida que tú eliges”. Hay veces que tenemos el problema de no responsabilizarnos de las cosas que nos ocurren, y uno no puede cambiar las cosas que piensa que no dependen de uno. Hay que hacerse responsable de lo bueno así como de lo malo de uno mismo. Las personas que no tienen la vida que quieren y no luchan por tenerla te dicen que nada de lo que les ocurre es su culpa. Es una diferencia de mentalidad y también de actitud.

2) Acercaron: el amor de hermanos no siempre es perfecto. Discutimos, fallamos, pero cuando la vida golpea ahí estamos. Un hermano conoce tu peor versión y aún así se queda. En las buenas celebra con vos y en las malas se convierte en tu refugio. No es solo sangre, sino lealtad, esa lealtad que resiste tormentas. Es ese abrazo que no pide permiso y esa mano que no te suelta cuando todo el mundo se oscurece, y eso es hermandad. No me refiero a la parte sanguínea, sino a la lealtad de esa persona que está a tu lado, porque hermandad es “amor que no se rinde”.

3) Traigan: No porque alguien te ame hará todo lo que vos quieras, porque eso no es amor, sino más bien “esclavitud”. Una persona te puede amar mucho, pero te puede decir: “Mira, hoy no tengo ganas de esto”. Hay momentos que ponen en juego el amor de una persona, pero no se puede medir el amor de una persona por el capricho del otro. Hay gente que te necesita para que vos la alimentes desde lo que sos, pero hay gente que se encapricha a que le des siempre de comer. Por eso, el darse también tiene un límite. Por eso uno pone lo que tiene y Dios hace todo para que se complete. Pero es darse desde un amor sano no desde un capricho insaciable. Algo bueno está por venir.