1) Manos: La lealtad no es siempre y cuando entiendes las cosas. La lealtad es lo que hizo David con Saúl o María con Jesús. La lealtad no se negocia: o soy o no soy, porque la entrega es total. Es eso lo que vemos en el Cura de Ars, ya que hoy es el día del sacerdote.

2) Comprendan: Una vez escuché a una persona que tenía una contractura muscular tremenda, que lo dejó duro por un buen tiempo. Le sugirieron que vaya a un señor quiropráctico que lo atendiera ya que había ido a sanatorios y hospitales y no le calmaba nada. El anciano quiropráctico lo sentó, agarró un bolígrafo y le dijo “Le voy a recetar algo que le hará muy bien para calmar todo esto”. Tomó una hoja A4 y puso en grande “Tomar decisiones”. Y le dijo que no son más de dos o tres. Porque, cuando no tomas decisiones, hasta se te sobrecarga la salud y te lleva a tener estrés por acumular problemas que hasta no valen la pena. Uno tiene que hacer ejercicios de elecciones y prioridades. Eso es ganar sabiduría y también aprender a envejecer. Los gustos no cambian, pero sí las prioridades. Entonces hay que hacer espacio para problemas que merecen nuestra atención y otros que son un lastre innecesario. Recuerda que los aviones no vuelan sin saber el peso de su carga. Por eso, también te lo paso para la vida: “Cuanto uno más alto decida volar, menos peso podemos transportar”. La sabiduría de la vida implica elegir qué batalla vamos a pelear y qué no, que volará fuera de nuestro radar. Saber decir “En esto no me voy a meter” te hace más sabio.

3) Boca: Un perro come todos los días pero lleva un collar, mientras que el lobo pasa hambre, pero tiene libertad. Muchos de nosotros elegimos el collar, porque a ese collar lo llamamos “seguridad”. Cuenta la historia que un lobo se encuentra con un perro, este le pregunta: “¿Por qué estás tan gordo querido perro?”, a lo cual el perro le contesta: “Es porque mi amo me da de comer todos los días”. El perro le dijo al lobo “Mi vida es fácil. Nunca pasaré hambre”. El lobo ve la marca en el cuello del perro y le preguntó “¿De qué es esa marca?” El perro le contestó “Es la marca de mi dueño, ya que durante el día estoy atado y por las noches soy libre”. El lobo lo miró y se fue al bosque nuevamente. El lobo tomó una decisión. El hambre no es el problema, sino que es el precio de la libertad. El collar no siempre es un trabajo, sino que es muchas personas que están en relación. Por eso, hay personas que se atan al collar de alguien. Una relación que hace que tengas comodidad, pero con el precio de estar atado a alguien por miedo a la incertidumbre de irte. A veces el collar es un grupo de gente al cual sigues perteneciendo, porque el sentirte aceptado por ellos es más fácil que la soledad de haber evolucionado y madurado. A veces tenés el collar que vos mismo te ponés, buscando depender de alguien para sentirte alguien, porque parece que solo no lo puedes ser. Como diría mi papá “No puedes controlar a un hombre que no tiene miedo a pasar hambre”. La persona rica no es quien más tiene, sino la que menos necesita.