1) El reino: Creo que una de las cosas que más nos cuesta entender a nuestra generación de “la pastilla fácil” o del “arreglámelo ya todo” es que hay que morir para renacer. En el momento más oscuro y difícil de tu vida está el momento de desafío, de enfrentamiento con vos mismo y de reencontrarse con el propio yo. Es renacer y ser mucho más fuerte. El rey del evangelio de hoy que nos presenta Jesús no suspende las bodas porque le digan que no, él busca alternativas y vos también tenés que buscar alternativas. Si no te quieren, andá para otro lado y, si te rechazan estos, andá a aquellos que te acepten.
2) Negocio: Recuerdo que una vez me pasó que fui a una parroquia a dar la confirmación, iba como delegado del obispo. Estuve más solo que nunca. Ninguno de los sacerdotes que estaban en esa parroquia ni me esperaban ni tampoco había ministro, no había nadie encargado, ni siquiera un monaguillo. Estaba literalmente solo y apareció la referente del colegio, la catequista de los chicos que iban a recibir la confirmación, y estaban ahí sus familiares. Creo que la misa se hizo interminable porque era muchísima gente. Pero, cuando lo hablé con mi guía espiritual porque me había enojado por esa actitud, me ayudó mucho a ver que la clave era hacer pasar un buen momento a esos chicos que recibían a Jesús y no quedarme con la amargura de que me hayan dejado solo o de que no tuve nadie que me ayude o de que ninguno de los tres curas haya ido al encuentro para decirme cómo era la misa. Por eso, como dice el dicho: “A las personas no las perturban las cosas, sino la visión que tienen de ellas”. Por eso, que no te perturben las dificultades o el tener que hacer solo las cosas, sino más bien mirá el bien que podés hacer a otros y lo que podés lograr en otros.
3) Comensales: Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos cuando nos desmoralizamos o, ante un fracaso, nos rendimos o decimos: “Ya está”. Es ahí donde caemos en el fracaso. La vida está llena de contratiempos y de momentos de malestar, así a seguir con tu objetivo y tu camino hacia donde vos querés llegar. Es entendible que los dolores de la vida nos golpeen, pero más nos golpea la imaginación. Gran parte de lo que hacemos es con miedo a fracasar. Nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás según nuestras ideas sobre lo que creemos que tiene que ser. El miedo nos hace creer que, por más cosas que tengamos, nunca es suficiente. El éxito son los beneficios que tenemos cuando somos capaces de ser simplemente nosotros mismos. El triunfo duradero es la experiencia de expresar todo aquello que somos y lo que podemos ser. Es aceptar la vida y decir: “Esto es lo que me tocó y estas son las cartas que tengo. Este es mi traje” y no ponerte un traje totalmente distinto como lo vemos en el evangelio. Así que no te pongas el vestido de otros y asumí tu vestimenta de vida.


































