1) Obras: La oscuridad de la vida llega a veces por un acontecimiento que no esperábamos, porque ¿qué es la oscuridad? La oscuridad es una relación que se destruye, un hijo que se rebela, un desastre financiero o el quedarte sin trabajo, el sueño que tenías que se va muriendo y vos te vas muriendo cuando ese sueño que tenías se va alejando. Es el momento cuando uno dice: “No sé dónde estoy parado”, No veo con claridad las cosas”. Cuando está el día es como que hay más esperanzas, pero cuando llega la noche existencial el dolor es más agudo. Aparece sin razón. Uno pasa horas pensando el por qué paso por estas cosas, pero no hay respuesta y hasta no hay sentido de cercanía con Dios. Es ahí donde tu alma se siente árida y estéril, aunque no estás en el desierto, sino que el desierto está en vos. Te digo que lo pasé varias veces, pero te aseguro que la mayor tentación que uno tiene, es tirarlo todo o aferrarse a estructuras como lo hacían los fariseos.

2) Atan: Uno de los problemas que tenemos cuando nos sumamos a la religión es que perdemos contacto con los amigos. Empezamos a entrar en cierto fanatismo. Irónicamente, en vez de llevar a nuestra gente al Señor pasamos a que ya no formen parte de nuestras vidas, porque nos alejan del Señor o porque están contaminados de la maldición: “Ellos son mundanos, no nos podemos juntar con ellos”. Es como que nos convertimos al Señor y, de manera inmediata, quemamos puentes de relación. Ahí es donde nos absorbe nuestro propio sistema religioso, nos vampiriza o nos succiona. Uno de los problemas que tenemos como Iglesia es que metemos reuniones todo el tiempo, hasta seis veces por semana, incluso los domingos, que están dedicados a la familia y el Señor; llevando a crear un mundo de donde están ellos versus nosotros y ya no se mide el ser cristiano por el encuentro y la relación con Cristo, sino en cuanto y en tanto estés en las reuniones. Eso puede apartarnos de la intimidad, para vivir una exterioridad encapsulada.

3) Grande: El objetivo nunca fue ser perfectos, en el sentido que hoy entendemos como perfección, sino que el objetivo es simplemente ser y tratar de hacer lo posible por disfrutarlo mientras somos. Entendiendo perfección como plenitud y “ser” como lo que somos ante los ojos de Dios.