1) Anunciar: Da gracias a Dios por lo que tienes, porque la gratitud aumenta la autoestima y las relaciones. Muéstrame a alguien agradecido y te mostraré alguien que envejece dignamente. Si nuestra felicidad o nuestro gozo dependen de algo que necesitamos o consumimos, entonces estamos metidos en un punto de siempre necesidades y la necesidad nos hace personas enojosas, dolidas de la vida. Recordá que lo que tenemos no es nuestro, porque nada te llevas de este mundo. En 100 años en tu casa vivirá un extraño, tenelo por cierto. Aprende a vivir el día, porque nada nos llevamos de esta vida.
2) Reprenderlo: El sabio aprende más de los necios que el necio del sabio. Por eso te comparto el mito de Ícaro: cuenta la leyenda que el inventor Dédalo creó las alas de cera para que él y su hijo Ícaro escaparan del laberinto donde estaban presos. Antes de despegar miró a su hijo a los ojos y le dio una advertencia “Ícaro, no vueles tan alto porque el sol puede derretir la cera de tus alas. Tampoco vueles tan bajo, porque el ala puede mojar tus plumas y vas a caer al mar”. Ícaro asintió. Saltaron y volaron, pero, al sentir la libertad, Ícaro se sintió tan libre que empezó a subir más y más hasta que la cera se derritió por el sol. Se desprendieron las plumas de sus alas y cayó. La lección es: no te vayas al extremo de creerte invencible, porque te vas a quemar. Pero tampoco te vayas al extremo del miedo, porque te vas a ahogar. La paz no está en tocar el cielo ni arrastrarte por la tierra, sino en tener la sabiduría de recorrer el camino medio. Aprende a volar con equilibrio, no tan arriba que se te suba el ego ni tan abajo que se te olvide lo que vales.
3) Gloria: Aprende a vivir la vida con las cruces. sin dejar de ver en las cruces de tu vida una oportunidad. Saber ver los dolores como enseñanzas te hace resucitar. Ver el éxito como único fin te puede hacer perder y olvidarte del para qué estas. La vida se construye con cruces y se estabiliza con glorias.
Algo bueno está por venir.


































