1) Oportunidad: Volverse real es arriesgarse a enfrentar el miedo al rechazo, es dejar de complacer, es dejar de decir a todo que “sí”, cuando nuestro cuerpo por dentro grita “no”. Ser real tiene un precio, ser real trae dolor. Ser real implica salir herido, porque nadie puede ser real sin ser amado. Por eso, aprende de Jesús que es real incluso en la relación con quienes lo siguen. Porque no es que busca seguidores, sino que lo buscan porque es auténtico y porque su mensaje es una buena noticia, no una noticia solo para algunos buenos.

2) Apartará: Hay un cuento asiático, que no recuerdo si es de China o de Japón, pero decía que había un anciano sabio a quien se le escapó su caballo y le dijeron “Qué mala suerte, se te escapó el único caballo que tenías”. El anciano contestó “Quién sabe” y continuó su caminar. Luego, a los días, volvió el caballo con 5 caballos rebeldes, por lo que la gente le dijo “Qué buena suerte” y el anciano otra vez dijo “Quién sabe”. Más tarde su hijo se rompió una pierna por lo que le dieron un gran tiempo de cama y reposo, la gente dijo “Qué desgracia” y el anciano otra vez dijo “Quién sabe”. Más tarde se inició la guerra y se llevaron a todos los jóvenes de la región, menos a su hijo, por tener rota la pierna. La gente otra vez dijo “Qué buena suerte” y el anciano otra vez dijo “Quién sabe”. Así que te recuerdo que la vida no pasa por buena suerte o mala suerte, ni siquiera la vida te está castigando, porque puede que te esté alejando del lugar equivocado. Ánimo, porque Dios también te aleja de personas de las cuales es necesario alejarse.

3) Apoderaba: Creo que al ver la confesión de Pedro como pecador, al ver la obra de Jesús, nosotros también debemos reconocer nuestros límites. Incluso después de ver todo lo que he vivido, entendí que he cometido errores y que, en muchas ocasiones no supe actuar. Como cualquiera, he lastimado sin querer, desde mis propias heridas, pero nunca desde la maldad. Con este Evangelio que leemos también abrazo mis errores sin excusas, porque me lleva a entender que es un acto de amor propio y de fe, pero también de crecimiento. Me equivoco, sí, y a veces me pesa. Mis errores, como los tuyos, me importan y me duelen, pero la clave es saber que “te enseñan”. Camino con la tranquilidad de que no soy una mala persona, que mi corazón es bueno y trato de hacer lo mejor, aún cuando no siempre lo logro. Equivocarse es parte de la vida, es aprender, sanar y seguir. Seguir creciendo es una elección diaria que muchos hacemos incluso cuando nos duele. Por eso, hoy ofrece tu confesión a Dios, para que Dios confiese que sos de Dios y, desde Dios, llévalos a Dios a los que te rodean.

Algo bueno está por venir.

Misioneros Digitales Católicos