1) Multitud: Ten cuidado con el vacío de una vida muy ocupada, porque a veces hacemos tantas cosas que terminamos dejando de vivir. Nos levantamos corriendo, trabajando, resolviendo cosas, contestando mensajes, cumpliendo pendientes, y terminamos el día cansados, sin recordar un solo momento que realmente hayamos disfrutado. Ahí está la trampa. Lo urgente comienza cuando se deja lo importante. Le damos tiempo al trabajo, al teléfono, a los problemas de todos, pero dejamos para después una conversación con nuestros hijos o una comida con nuestros padres, un abrazo o una caminata o mirar al cielo cinco minutos sin estar pensando en lo que sigue. Nos esforzamos tanto por construir una buena vida que se nos olvida estar en ella. Lo más curioso, lo más paradójico y lo más injusto es que la mayoría de las cosas más valiosas en la vida son completamente gratis: una carcajada, dormir a gusto y en paz, tomar unos matecitos o un café con alguien más, sentirte amado, ver un atardecer, escuchar un “aquí estoy”. Eso también es riqueza, por eso trabaja, sueña, crece, cree pero no llenes tanto tu agenda que ya no quede espacio para vivir. Capaz que un día puedas decir que lograste todos tus pendientes excepto vivir, excepto disfrutar a las personas.
2) Borde: Según los psicólogos nacemos con dos miedos: el miedo a caernos y el miedo a los ruidos fuertes. Por eso llora un bebé, porque tiene esos dos miedos de nacimiento, pero todos los otros miedos son aprendidos. Por lo cual, todos esos otros miedos pueden desaprenderse: el miedo a repetir el pasado, el miedo a ser como mi papá, el miedo a ser como mi vieja. La cura para el temor al fracaso no es el éxito. La cura para el temor al fracaso es más fracasos, porque es la dosis pequeña para desarrollar inmunidad. Funciona igual que la vacunación, por eso, el estar al borde del camino también significa enfrentar los miedos para volver a centrarte en vos.
3) Espinas: No sé cuántas habrán sido las desviaciones de tu vida. Tampoco sé los naufragios que te tocaron vivir, pero capaz que tu vida dio unos giros inesperados, capaz que tus sueños se retrasaron y la vida no transcurrió conforme a tu plan y puedo entender tus sueños, también puedo entender tu frustración, porque yo también lo pasé. Pero esa es la esencia de la vida, porque es una aventura. Aprendes a vivir el viaje y sabes que es un día a la vez. He aprendido a vivir la vida un día a la vez. El que no lo aprendió aún con la pandemia que pasamos en el 2020/21, es difícil que lo aprenda: el mañana murió mientras dormías y el pasado no te pertenece. Acordate del maná del Antiguo Testamento, el cual se recogía solo por el día y, si tomabas de más, se terminaba pudriendo. La orden era “Nadie guarde nada para el día siguiente”. Eso asegura que todo depende de Dios y eso lo repetimos en el Padre nuestro, cuando decimos “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Nosotros queremos que Dios nos provea para la semana o el mes. Lo único que queremos es pagar la tarjeta o que nos de tal cosa. Aprende a cosechar también desde la confianza en Dios en tu vida. Algo bueno está por venir.


































