1) Desconcertado: Me voló la cabeza cuando leí esta frase de Shakespeare, “Dices amar la lluvia, pero abres el paraguas cuando llueve; dices amar el sol, pero buscas sombra cuando brilla; dices amar el viento, pero cierras la ventana cuando sopla. Por eso, tengo miedo cuando me dices que me quieres”. Es una de las frases que cuantas más vueltas le das más sentido tiene, porque mucha gente dice amar algo hasta que amar ese algo implica incomodidad, hasta que requiere paciencia, requiere presencia, requiere elegir a alguien, incluso en sus peores momentos. Es muy fácil amar lo bonito de una persona, pero lo difícil es amar lo humano: las inseguridades, los días malos, las partes rotas de esas personas. Porque amar de verdad no es solo admirar la luz de alguien, sino que también es aprender a quedarse cuando aparecen sus sombras. Por eso, no te desconciertes con la otra parte que ves de la persona, como le pasó a Herodes. Acepta el todo de esa persona si verdaderamente la quieres y la valoras.
2) Decían: La sociedad siempre hablará y opinará de nosotros. Séneca decía: “Los humanos somos las criaturas más crueles de todas, porque pueden sonreír mientras te destruyen”. Por eso, hablando de lo que la gente dice, recuerda que no siempre podrás evitar que alguien te perjudique, pero sí podés evitar que eso te transforme en quien no querés ser o en quien no eres. Que lo que te hicieron no decida en quien te conviertes.
3) Decapitar: Aceptar no significa que estoy negando lo que estoy viviendo. Yo puedo decirte: “Vení a misa para que se te vaya el dolor que estás sintiendo”, y vos me podrás decir: “Yo recibo la gracia, Padre, pero el dolor sigue estando”, y eso no es falta de fe tuya ni mía. Ni que la oración falló, porque somos Tripartitos: cuerpo, alma y espíritu, y el alma duele y el dolor no se puede negar. Insisto en decirte: “Aceptar las cosas no es negar las cosas”. Cuando aceptamos no significa que reprimimos los sentimientos, no es que ahí tengo que hacer millones de oraciones y repetir versículos bíblicos, no fingimos que todo está bien y está bien que no todo esté bien. En mis años de cura vi gente que actúa como que no está pasando lo que le está pasando y creen que eso es actuar en fe. Eso es no querer ver la realidad. A esos los llamo cristianos “avestruces”. El avestruz pone la cabeza en tierra y cree que nadie lo está viendo. Trabaja por ser un cristiano que acepta y pasa lo que tiene que pasar.
Algo bueno está por venir.
































