1) La muchedumbre: La gente habla y siempre hablará.Vos tenés que seguir adelante, cumpliendo tu misión, haciendo la voluntad de Dios siempre. No te marees con los comentarios de la gente, ni te detengas por aquello que hablan a los costados. Seguro que afecta y también duele, pero que no te paralice lo que otros digan y hablen de vos. Por eso, cuida tu identidad y, por sobre todo, recordá que estás aquí por y para algo. A no dejarte llevar por la “lengua a la vinagreta” y olvídate de los comentarios que a veces te hacen doler.
2) Unidos: En estos tiempos no tenés que olvidarte de que debemos estar más unidos que nunca. No podemos seguir dividiéndonos entre nosotros. Hoy tenemos que apuntar hacia adelante y seguir una misma línea de acción. Reconozco que tenemos una gran crisis (aparte de la unión): crisis de líderes. Nos faltan líderes que sepan guiar y forjar la unidad, que sepan trabajar por el bien común. Como el capitán de un equipo de fútbol, deben estar atentos a cada jugador dentro de la cancha para ayudarlo en su función, pero también el capitán debe estar atento a cómo está personalmente ese jugador (si está con ánimo o no, si es conveniente que entre o no). Hoy, para crecer en unidad entre nosotros, debemos ser más humanos y cercanos. Vos, ¿podés ser líder? ¿Tenés pasta para ello?
3) Recoger o desparramar: En este camino podemos tener la actitud de trabajar en la obra de Dios juntos y sabiendo nuestro bien como Iglesia, o podemos desparramar, generando discordias o dobles discursos. Pidamos por una sociedad más unida, por un país más unido, por una Iglesia unida; pues, como dice Martín Fierro, que tanto me gusta leer: “Que los hermanos sean unidos, esa es la ley primera, porque si entre ellos se pelean, los comen los de afuera”. Algo bueno está por venir.

































