"La ciencia, hijo mío, por muy grande que sea, es siempre algo muy pobre; y es menos que nada en comparación con el formidable
misterio de la divinidad. Debes encontrar otros caminos. ¡Limpia tu corazón de toda pasión terrena, humíllate en el polvo y ora! De ese modo encontrarás con certeza a Dios, que te dará la serenidad y la paz en esta vida y la beatitud eterna en la otra"
Un día como hoy, un 25 de mayo de 1887, en Pietrelcina, Italia, a las cinco de la tarde, sonaban las campanas invitando a los fieles a venerar a la Virgen.
En ese mismo momento nacía un bebé en el seno de la familia Forgione, una familia de clase humilde, trabajadora, dedicada a la agricultura y muy devota.



































