Hay que tener paciencia, pues, y no desanimarse por cualquier imperfección o porque se cae en ella frecuentemente sin

quererlo. Quisiera tener un buen martillo para romper la punta de tu espíritu, que es demasiado sutil en los pensamientos de tu avanzar espiritual. Pero te lo he dicho muchas veces, querido, y te lo repito otra más: en la vida espiritual hay que caminar con gran confianza.

Si obras bien, alaba y dale gracias al Señor por ello; si te acaece obrar mal, humíllate, sonrójate ante Dios de tu infidelidad, pero sin desanimarte; pide perdón, haz propósito, vuelve al buen camino y tira derecho con mayor vigilancia. Ya sé muy bien que no quieres obrar mal dándote cuenta; y las faltas que cometes inadvertidamente sólo deben servirte para adquirir humildad.

No temas y no te angusties con las dudas de tu conciencia, porque ya sabes que obrando con diligencia y haciendo cuanto puedas, sólo te queda pedirle a Dios su amor, ya que Él no desea otra cosa que el tuyo. Practica cuanto has aprendido de mí y otros; no temas y procura cultivar con amor y con diligencia la suavidad y la humildad interior.

(Padre Pío)