Mí dulce Jesús, por estos momentos viene a mí mente el compararme al ciervo sediento que corre presuroso al agua fresca para calmar

su sed, a diferencia de mí sed que es de espíritu, sed de misericordia, sed de sanación, agua fresca Señor que sacia nuestra sed a través de la oración y la fe.

Oh Jesús Tú que atravesaste pueblos y villas curando todo tipo de males, paralíticos, ciegos, tullidos y leprosos, por tu divino mandato los enfermos fueron curados, te llamamos hoy, recurrimos a Ti, mí Señor, para que nos llenes con todo tu amor curativo y concedas sanidad a todos los que padecen virus y enfermedades de todo tipo, para que puedan recuperar sus fuerzas y sanarse mediante el esfuerzo de los médicos, que también obran bajo tus santas manos.

Con mucha fe en saber que a estas horas, estás a nuestro lado, vamos a descansar acompañados con santa bendición y el amparo bajo el manto de tu Santa madre y la nuestra, La Virgen María... Amén.