Corrían mediados de los 70 y principio de los 80, y la Plaza Beresiartu, era a diario, un lugar indicado para pasar la jornada recreativa.

 

Un kiosco enclavado en el lugar a través de una ventana en la medianera, atendido por "La Rosa" Salcedo, era uno de sus grandes atractivos.

El kiosco de La Rosa, era el primero en tener bombuchas en verano; fosforitos, estrellitas, petardos triangulito y cañitas voladores en la época de pirotecnia; figuritas de chapa, de cartón y en papel ilustración apenas salían con sus álbumes; bolitas de vidrio, y a la que se agregaban algunas exquisiteces como confites de anís, maní japonés y con chocolate entre otros, que eran dispensados en bolsitas de papel y solo exclusivos en pocos locales de la ciudad.

Al estar dentro del predio, brindaba seguridad, por lo que al comprar algunos de los artículos antes especificados, ahí nomás comenzaba la arrimada y los espejitos con las figuritas, y las competencias de bolitas entre otros en la esplanada el mismo kiosco.

La Plaza Beresiartu además, era una adelantada de la época en cuanto a juegos mecánicos, que uno hasta nuestros días existe como las hamacas y otros han desaparecido hace pocos años como el tobogán de unos 4 metros de altura.

La plancha, quizás uno de los más recordados, juego colectivo con oscilación lateral, usados por muchos a la vez, que mientras acompañaban su andar, cantaban canciones de la época.

También el sube y baja entre otros, todos en un principio instalados en un terreno lateral, inmersos en un gran arenero.

Sus calles internas, estaban ornamentadas con granza naranja, producto de ladrillos cerámicos picados, lo que permitía un rápido drenaje del agua luego de la lluvia, dándole un contraste particular al verde de sus canteros y plantas y a la vez, usado como circuito de carreras de bicicletas, a escondidas del placero.

Perímetro de una construcción central con destino poco definido -no se sabía si iba a ser una pileta o un escenario, aunque con una linda línea de construcción, aún en nuestros días-, era utilizado por niños poniendo en evidencia sus dotes de equilibristas.

Dos bancos sobre Rivadavia, debajo de dos pinos, era el derrotero de los jubilados del barrio, que a diario se reunían en el lugar a conversar, charla que luego continuaban al llegar la tardecita, en algunos bares del barrio como Brown, del Felpa y Olimpia entre otros.

La Plaza Beresiartu, fue también para muchos, el lugar de encuentro de los primeros amores y el primer beso.

Sus canteros, son testigos de lindos partidos de futbol y picnics.

El tiempo hizo lo suyo. Los niños y pre-adolescentes de la época crecieron y migraron; con los años el Kiosco de La Rosa cerró y los juegos fueron trasladados al interior, perdiéndose varios de ellos y cambiando la fisonomía del espacio verde.

Vecinos ilustres del lugar de a poco se fueron yendo y la plaza aún sigue en el lugar... distinta... pero con la magia intacta de esos viejos tiempos, que aún se percibe, al recorrer sus calles.