Mi amado Señor, aún estamos aprendiendo los hombres de tus palabras, el significado de tu calvario y muerte. Aún la humanidad no comprende, el don divino de discernir y el verdadero significado de tu prédica y entrega.
Que tu muerte Señor no haya sido en vano, que no eludamos en encontrarte, porque Tú ya nos has encontrado, enséñanos a recordarte en cada actitud cotidiana, a no desistir ante el dolor, a recuperar una parte de tus fuerzas, a mitigar el mismo hambre que hemos sembrado, a ser contemplativos y enmendarnos bajo tu gracia.
Mi amado Señor, no nos dejes caer en la tentación, bendice nuestras vidas vacías de Tí, ilumina nuestros oscuros caminos, que seamos dignos de Tí, de tu morada y tu misericordia, venga tu Reino hacia nosotros y que sepamos elegir el camino de la paz. Levanta Señor nuestro espíritu y dadnos fe, porque con una sola palabra tuya, mi alma será sanada.
Señor de los milagros, bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos.
Santa María, madre de Dios y nuestra ruega por nosotros pecadores y empobrecidos, necios y asustados.
Hijo de Dios, crucificado por nuestras manos en cada omisión y desidia, ilumina nuestros corazones... Amén.



































