Mi amado Señor, gracias por tu amor, porque jamás has visto a la humanidad como una suma de males irremediables, tuviste siempre la total seguridad de que valía la pena luchar y morir por el hombre.

Mi amado Señor, cuando me sienta atribulado, sólo debo pensar en mi fragilidad y recordaré tu fortaleza, cuando no vea el camino por las aflicciones solo tengo que mirar tu rostro, esperar con paciencia y a su debido tiempo, tu Luz brillará y será mi guía, porque,Tú no quieres forzar a nadie, sino solamente proponer e invitar con tu amor. Tú no envías vacíos a nadie, excepto a aquellos que están llenos de sí mismos.

Debo dejar el pasado a tu misericordia, el presente tu bondad y el futuro a tu providencia, Señor cuando hiciste el tiempo, lo hiciste de sobra, delante y detrás de mí estás Tú Señor y toda estará bien, Tú me prometes cielos, pero no prometes que siempre serán azules, Señor, eres el lugar en el que no me acuerdo de todo lo demás.

Mi amado Señor, no has querido resucitar en el cielo, ni en la tierra, sino en lo más profundo de cada corazón, por ello te bendigo y te alabo... Amén