
Con el sol ya arriba
y el cielo claro y sereno,
se despierta el día bueno
sin apuro ni deriva.
La mañana nos convida
a la paz de lo sencillo,
mate amargo, algún pocillo
y charlas sin mirar hora,
porque el sábado enamora
cuando el alma está en su brillo.
Si hay pileta, chapuzón,
si hay arroyo o algún río,
que se vaya el calor bravío
con risas y corazón.
Amistad como razón
para compartir la mesa,
que la vida no se apresa
cuando hay tiempo y alegría,
sábado de día feliz
y la calma como promesa.




































