
Buen día, Cañada, con su sol que abrasa,
buen día, Región, que enero así te pasa.
La tierra sedienta, el aire ardiente,
el cielo sin nubes, el sol imponente.
Termina el mes con fuego en la espalda,
la tarde se achica, la sombra se escapa.
Hasta los pájaros buscan un alero,
y el viento sopla, brasa de enero.
Y en cada ranchito, bajo la parra,
hay mate fresco que al tiempo se agarra.
Y aunque el calor pinte el campo de amarillo,
en la guitarra suena un cundillo sencillo.
Así pasa enero, con su lumbre ardiente,
pero en la payada, la voz es corriente.
Y cuando el sol cae, colorado y también bello,
la Cañada se duerme… ¡hasta nuevo enero!




































