En medio del viento y la tormenta, también sopla el Espíritu.
Un viento que sacude certezas, cuestiona seguridades y nos invita a volver a lo esencial: el amor.

 

Jesús nos recuerda que no son las normas, los preceptos o los mandamientos lo que salva, sino la capacidad de amar como Él nos ama: con gratuidad, sin esperar nada a cambio.
Cuánto nos cuesta comprender esa gratuidad, porque muchas veces damos esperando algo, reconocimiento, respuesta o recompensa. Pero Dios ama simplemente porque no sabe hacer otra cosa que amar.

La Eucaristía, ese encuentro semanal con Jesús y con los hermanos, no es una obligación, sino una experiencia de vida, de fiesta, de comunidad. Como ir a la cancha, como encontrarse con amigos, como celebrar que estamos vivos y amados.

Que este domingo nos ayude a descubrir que la única ley es el amor,
el único camino es el amor,
y el único precepto es el amor.

🙏 Que el Espíritu nos anime a cuidar, acompañar, abrazar y dignificar a cada persona con misericordia.