
En este martes tan gris,
con cielo todo apagado,
lluvia fina ha dibujado
un paisaje juvenil.
El viento anda en lo sutil
silbando entre el enramado,
y el sol, medio escondido,
ni asoma por el costado.
La mañana está fresquita,
con trece grados apenas,
y el campo entre las penas
se despierta despacito.
La nubes hacen un rito
de sombras y de humedad,
y la tierra en soledad
huele a barro bendito.
Pero ojo, que el gaucho viejo
no se amarga por la lluvia,
le pone al mate su lluvia
de paciencia en el reflejo.
Con diecinueve de consejo
la tarde puede mejorar,
y aunque el cielo esté a llorar
uno igual sigue parejo.
Así que en este martes raro,
de tormenta y de humedad,
se camina con bondad
sin perder nunca el amparo.
Porque el clima es como un faro:
a veces tapa la vista,
pero el alma nunca se rinde…
¡y sigue firme en la pista!



































