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Por Victor Retagiatta

“Tiempos idos, que ya no volverán”, dice la canción. Y vaya si es cierto.

Era una ciudad que respiraba trabajo: chimeneas encendidas, fábricas en marcha, el ruido constante de la producción. Estaban La

Helvética con sus acoplados y fundición, Romegialli con la aceitera, la curtiembre Beltrame, la jabonera Cañadenzo, la papelera FADECYP, Bardone con los botones, Mario con cerraduras y bisagras, Provita con balanceados, las mueblerías Pachiotti, Ferraro y Migliozzi, las pinturas Helvetica, la Junta Nacional de Granos, la usina eléctrica, la fábrica de bolsas de arpillera, Serrano con sus masitas, y tantos comercios tradicionales como Casa Vázquez, Cantori, Cañón o la recordada tienda Galver.

La vida social giraba en los clubes: Newell’s, Sport, Sarmiento, Talleres, América, Olimpia, El Círculo, San Martín… cada barrio tenía el suyo, con tardes llenas de deporte, amigos y comunidad.

Y las noches… las noches eran otra historia. Bares y boliches como El Porteñito, Midú, La Terminal, Maseria, Milano o La Cueva del León eran puntos de encuentro. En el centro, lugares como Mogambo, Mickey, Criscini o el Bar Ideal marcaban el pulso de la ciudad. Había personajes inolvidables que le daban color a cada rincón, de esos que hoy solo viven en la memoria.

También estaban las veladas de boxeo en Sarmiento, los bailes con orquestas y conjuntos que pasaron a la historia, y las grandes noches en Olimpia, Sport o Brown con artistas que llenaban de música la ciudad.

En lo gastronómico, nombres como Governatori, Mi Refugio, Abrate, La Rueda o El Suizo eran parada obligada. Y cómo olvidar el Club Olimpia, con su bar, cocina y cine, un verdadero punto de encuentro de la vida cotidiana.

Los fines de semana arrancaban en Rodrigo y seguían en Macako’s, Kaskote, Capris o el Verdi. No era fácil “hacer un gol”: pocos tenían auto y había que caminar, charlar y buscar el momento. Era otra época, con otro ritmo, donde todo parecía más simple… o al menos más cercano.

Hoy queda la nostalgia. El recuerdo de una ciudad vibrante, llena de vida, trabajo y encuentros.
Porque los tiempos idos… no es que fueron mejores.
Fueron distintos. Y para muchos, inolvidables.