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Hoy martes amaneció
con la niebla de capataz,
tapando campo y ciudad
como un poncho que cayó.
Ni el sol se comprometió,
anda medio remolón;
se escondió en algún rincón
entre nube y nubarrón,
y el día lleva un color
de mate sin calentón.

La mínima fue de doce,
la máxima quince apenas,
temperaturas serenas
que ni entusiasman ni atrocen.
El frío tampoco conoce
las ganas de trabajar;
parece querer matear
sentado junto al fogón,
mientras la humedad, patrón,
no deja la ropa secar.

Vi una vaca en la tranquera
mirando la inmensidad,
preguntando con seriedad
si el sol venía siquiera.
Le contestó una ternera:
"Ni lo esperes, compañera,
hoy la niebla es la puntera
de este martes soñoliento;
si aparece un rayo al viento,
será visita pasajera."

Así transcurre la jornada
entre bruma y humedad,
sin apuro ni ansiedad,
con la calma acomodada.
Y aunque el cielo no dé nada
de colores ni fulgor,
siempre encuentra el payador
motivo para cantar:
si no hay sol para alegrar,
¡que alegre el verso cantor!