En la parábola del trigo y la cizaña, Jesús nos recuerda que no todo es lo que parece y que no nos corresponde juzgar el corazón de los demás. Muchas veces
etiquetamos rápidamente, sin conocer la historia, las luchas o el proceso que cada persona está viviendo. Todos llevamos en nuestro interior fortalezas y debilidades, aciertos y errores. Somos, al mismo tiempo, trigo y cizaña. Por eso, el Evangelio nos invita a vivir con paciencia, misericordia y esperanza, confiando en que Dios sigue haciendo crecer la buena semilla en nuestra vida. Que hoy podamos mirar a los demás con más comprensión y menos juicio, y también aprender a mirarnos a nosotros mismos con la misericordia que Dios nos ofrece cada día. 🌾 "Que nuestra cizaña no impida que la buena semilla del Evangelio siga creciendo y que el Reino de Dios florezca en nuestra vida." 🙏💛


































