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Jugador de básquet desde sus inicios en el C.D. Olimpia. En varios clubes fue D.T. de Primera y de todas las divisiones inferiores. Tuvo un destacado

paso por Argentino de Marcos Juárez y, sobre todo, por Sport Club, donde fue durante muchos años DT., dirigiendo además los seleccionados de la Asociación Cañadense.

Como árbitro participó, junto a Omar Borraz, en los Campeonatos Argentinos de Mayores. Ferroviario y orgulloso "decorador" del Cabín 1, guitarrero y pretendido cantor, congregador de jugadores y amigos en memorables asados donde reinaba el básquet, creador de campamentos para los más chicos, donde era desde cocinero hasta director, incansable lector y ocurrente "aplicador" de ingeniosos sobrenombres que aún perduran, fue, sin dudas, un sabio conocedor de almas.

Se podría decir, sin dudas, que el largo camino de su existencia no fue transitado en vano. Las huellas, bien marcadas, dejadas en los que alguna vez tuvieron la oportunidad de ser sus compañeros, sus amigos o sus discípulos serán de difícil olvido. En el básquet y en la vida. En ambos ámbitos, su particular forma de enseñar, ver y querer le permitió acercamientos espirituales para dar y recibir afecto y, así, destacarse en ese aspecto por encima de sus pares.

Los reconocimientos recibidos en cada acontecimiento relacionado con el básquet demuestran la verdad de sus condiciones para la docencia deportiva aplicada a la formación de mejores personas. ¿Y cuáles fueron esos secretos que lo hicieron querible? Quizás, ponerse siempre a la altura de los chicos que deportivamente educaba. Cuando tenía que ser uno igual, se sumaba, y cuando tenía que corregir, lo hacía.

Aquella frase suya, ante la pregunta de por qué lo seguían los más chicos, era: "Marcale lo que está bien y lo que está mal, y después dale mucho cariño". Parece que esa fue la fórmula exitosa que siempre lo acompañó en esa fantástica tarea de enseñar, llegando al corazón.

El Profe hoy cumpliría 100 años. Ya no está acá, pero, como en una quimera, se me hace que andará por alguna cancha celestial con una pelota naranja, rodeado de chicos, enseñando los fundamentos del básquet. Ese será, seguramente, el modo feliz de festejar su centenario.

Por eso me permito pedir que, en un abrazo imaginario, le dediquemos un deseo de feliz cumpleaños y el regalo nostálgico de un grato recuerdo.

Él se lo merece.

Coco González