En el capítulo 18 de Mateo encontramos una enseñanza profunda sobre la vida de una comunidad. Una comunidad pequeña, de apenas unos pocos, pero donde Jesús nos recuerda algo fundamental:

 

«Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

La fe no es solamente una relación personal con Dios. Necesitamos al otro, al hermano, a la comunidad. Porque, como nos recuerda el Evangelio, si no amamos al hermano, tampoco podemos decir que amamos verdaderamente a Dios.

Y cuando vivimos juntos, también aparecen las diferencias, los errores y las heridas. Por eso Jesús nos habla del perdón, pero también de la importancia de animarnos a corregirnos desde el amor.

No se trata de juzgar ni de señalar. Se trata de que el error del otro nos importe, de que podamos acercarnos con cariño y ayudarlo a volver al camino.

Porque corregir desde el amor también es una manera de decir:
«Me importás. Quiero que estés bien. Quiero ayudarte a crecer».

Que podamos recuperar una fe vivida con otros, compartiendo la vida, acompañándonos y aprendiendo a encontrarnos como hermanos.

🙏 Señor, ayudanos a querernos y a encontrarnos como comunidad, porque cuando nos reunimos en tu nombre, sabemos que estás en medio nuestro.

🎙️ Una nueva reflexión para caminar juntos la Palabra.